ANTONIO RAIMONDI EN PAMPA ROMAS

Publié le par Franklin Escobedo

EL PERU

ANTONIO RAIMONDI

TOMO I

PARTE PRELIMINAR

1874

INVESTIGADOR: FRANKLIN M. ESCOBEDO A.

Capitulo xv

Páginas 304-306

Quebrada de Nepeña.——Al siguiente día seguí mi viaje a la quebrada de Nepeña, Dirigiéndome a la hacienda de Huacatambo en compañía del Señor Buccelli. Despues de un poco más de media legua de distancia de Casma, salimos de la alegre vegetación del valle, para continuar la marcha por el árido arenal.

Dejamos la caleta de Tortugas a la izquierda y siguiendo el camino cerca de unos

cerritos, llegamos a un punto donde se divisa el valle de Nepeña.

A la vista de la vegetación que aparece a los piés como una verde sabana, desaparece la tristeza y el cansancio que produce la marcha sobre La muerta arena, y hasta las bestias cobran aliento , como si supiesen que pronto van a descansar.

A los pocos minutos de nuestra entrada al valle De Nepeña, pasamos por la ranchería de la hacienda de Huambacho, y en menos de una hora llegamos a la hacienda de Huacatambo, que tiene extensos terrenos, pero escasos de agua.

De esta hacienda fui de paseo al puerto de Samanco, donde existe un pueblo en miniatura, al que le sirve de adorno una elegante y cómoda casa perteneciente a M. Soin.

Pero lo que se ve de más notable en Samanco, es su hermosa y grande bahía, la

que se halla cerrada hacia el Norte por una estrecha lengua de tierra que la divide

de otra extensa bahía llamada del Ferrol ó de Chimbote.

De regreso a Huacatambo, seguí mi camino quebrada arriba en dirección hacia

el pueblo de Moro.

Vi de transito el ruinoso pueblo de Nepeña; la hacienda de San José , donde se cultiva la caña y el algodón; la hermosa hacienda de San Jacinto, cuyo principal cultivo es el algodón; y la de Motucachi, donde además del algodón se cultiva la parra.

Llegué a Moro, población llena de vida, abundante de recursos y que va progresando todos los días, sucediendo lo contrario que en el pueblo de Nepeña, el cual se halla en decadencia.

De Moro me puse en marcha en dirección hacia el pueblo de Pamparomas, que

dista ocho leguas.

Un camino muy quebrado con numerosas cuestas y angostas laderas, sembrado

de trecho en trecho de pequeñas casas, conduce de Moro a este desdichado é inhospitalario pueblo.

Pamparomas es pueblo de indígenas, que parecen huir de la civilización, y donde es difícil obtener el más pequeño recurso.

Mineral de Colquipocro.—De Pamparomas pasé al rico mineral de Colquipocro, verdadero Pozo de plata, como lo indica su nombre quechua, recorrí este importante asiento mineral; reconocí sus principales vetas, y entré en la célebre mina de Pozos-ricos, donde se reúnen las vetas como radios en un centro.

Este mineral, malamente explotado, no necesita más que capitales y buena dirección para volver a dar fabulosas riquezas.

De Colquipocro regresé al ingenio de Cajabamba, que dista una legua, y allí pasé

la noche para continuar al día siguiente mi viaje a la ciudad de Caraz, una subida

de poco más de una legua, me llevó a la cumbre de la Cordillera Negra, desde la

cual, cuando el cielo se halla limpio de nubes, la vista domina hasta la lejana bahía

de Samanco; y marchando unos pocos pasos hacia el Este, se pueden distinguir abajo en la profunda hoya del Callejón de Huaylas, los cañaverales de la hacienda de Cañipampa.

Después de haber hecho una observación barométrica en este paso de la Cordillera Negra, empecé a bajar por aquellos empinados cerros, formados de capas casi verticales de arenisca, que se apoyan hacia la Cordillera Nevada.

Al empezar la bajada a esta profunda hoya, parece casi imposible que haya un camino por el cual puedan andar las bestias a este abismo.

Pero a medida que se va descendiendo, el camino aparece por la falda muy inclinada de los cerros, describiendo innumerables vueltas.

Después de dos leguas y media de continua bajada, llegué al rio que baña el Callejón de Huaylas , el que pasé sobre un puente para entrar a la ciudad de Caraz, viendo en la orilla izquierda del rio unos mantos de carbón de piedra de buena calidad.

No demoré en Caraz, saliendo el día siguiente para la capital del departamento, que era mi centro de operaciones.

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